VELOCIDAD SIN GASOLINA

[EUROPA PRESS]

Los hermanos Dardanne lo hicieron todo diferente esta vez, inundando de luz y música una película con final feliz. Jean Pierre y Luc Dardenne encontraron un punto de quiebre en el estilo trágico y pesimista que venían manejando en sus obras para dar un toque “feliz” a la vida de Cyril, protagonista de su última película, ‘El Niño de la Bicicleta’, que ya ganó el Premio del Jurado en Cannes y con la que compiten por la Espiga de Oro de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).
Basada en la historia real de un chico de las afueras de Tokio abandonado por su padre en un centro para menores bajo la promesa (incumplida) de volver a recogerle, ‘El Niño de la Bicicleta’ comenzó siendo un guión protagonizado por un médico y acabó con sus dos personajes principales: Cyril, un niño de menos de doce años volcado en encontrar a su padre y su bici, y Samantha, una peluquera a la que el menor se aferra física y sentimentalmente.
“Es la primera vez que hacemos una película con sol y la luz del sol le ha dado un carácter diferente a las anteriores”, ha señalado Jean Pierre Dardenne antes de reconocer que ‘El Niño de la Bicicleta’ es ampliamente considerada uno de sus trabajos “menos duros” -”nunca hemos pensado que nuestras películas fueran pesimistas”_gracias, además de al sol, a la corriente “cálida” que el personaje de la peluquera aporta a la trama.

Con un final “abiertamente feliz”, según han defendido los cineastas, la obra hace un uso estratégico de la música: consigue ubicarla en muy determinados momentos, en los complicados, quizá para aportar el “consuelo” que le falta al menor, hasta alcanzar una especie de efecto “divisorio” pese a que es de nuevo Samantha la que hace que la música, como el sufrimiento, “baje”.
Así, la música acompaña a Cyril en la última escena, en la que de nuevo se sube a su codiciada bicicleta, por la que ha peleado y agredido, pero ya libre de los lastres con los que acarreaba y del destino “terrible” que le aguardaba.